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por Solrac Korner




VIDAS ROBADAS

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Entrevista a Carlos Portaluppi






“Un espacio para recordar al olvidado”

19-11-2008 / El actor que inmortalizó a Dominici en Vulnerables es el encargado de ponerle la voz a En la piel de..., un nuevo segmento de Telefé Noticias, los miércoles a las 20.

Hace muchos años que actuar es su verdadero amor. Lo descubrió cuando una profesora de francés lo convenció para que actuara en Nuestros hijos, una obra de Florencio Sánchez que nunca llegó a presentarse ante el público.



Formó parte de la novela del año, Vidas Robadas, donde interpretó a Favio Pontevedra, un fiscal honesto que se hizo cargo del caso de Juliana.


Continuando con una labor socialmente comprometida, Carlos Portaluppi es la voz de uno de los nuevos segmentos que presenta día a día Telefé Noticias. Se llama En la piel de... una particular propuesta que coquetea con la ficción desde los cuidados recursos visuales pero respetando la premisa básica de narrar historias reales.


La novedad es que se trata de la primera vez que un actor hace la locución en los productos periodísticos del noticiero.


En la piel de... propone el ejercicio de ponerse en el horizonte del otro para entender el mundo desde la perspectiva única y particular que deriva de su actividad diaria. Hoy será el turno de dos choferes, uno de 60 y otro de 30 años, que cuentan los pro y las contra del oficio. Trabajan en la mutual cooperativa, lugar que levantaron por iniciativa de los trabajadores luego de la crisis económica de 2001.


–¿Por qué aceptaste ser el locutor de En la piel de...?
–La televisión vende muchas ilusiones y fantasías, pero estos temas son reales. Tiene 100% de verdad. Está latente en esta Argentina olvidada, renegada.

–¿Por qué un actor para hacer la locución?
–Buscaron a alquien que pudiera transmitir algo más. A mí me conmueve muchísimo leer esas historias, porque veo al personaje, porque lo conozco. Lo que me moviliza es lo que voy transmitiendo.

–¿Cuál es el significado del segmento?
–Los noticieros están llenos de cosas, y este espacio es para recordar a gente que está olvidada. Me emociona porque hay muchos sectores en la sociedad que no tienen un espacio donde se escuche su voz, y desde este segmento se puede dar unos minutos para que sean recordados.

–¿Vidas Robadas hizo que te volcaras a temas sociales?
–La novela me abrió la cabeza para poder enterarme de la temática de la trata de personas. Vengo haciendo un acercamiento hacia el documental. Presenté uno sobre Homero Manci y otro sobre John William Cook en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.


El Argentino.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Entrevista a Carlos Portaluppi: “Vidas Robadas fue un hito en mi vida”






A días de haber terminado la ficción de Telefé, el actor, hizo un análisis de lo que fue Vidas Robadas.

Lo que significó para su vida, la buena química del elenco y el capítulo final, fueron algunos del los temas a los que se refirió .
Cabe recordar que en la novela, protagonizó a Favio Pontevedra. Un fiscal honesto y trabajador que se hizo cargo del caso de Juliana .

¿Qué significó para vos y para tu carrera haber sido uno de los protagonista de Vidas Robadas?
Fue un hito muy importante en mi vida. Me permitió conocer en profundidad, ese tema casi tabú, que es la trata de personas, desde nuestro lugar con la simple herramienta de los contadores de historas, logrando concientizar acerca de este flajelo.

Los que siguieron la novela desde el principio, notaron siempre a un elenco muy unido y con buena onda ¿fue así?

Sí, con seguridad que así fue .

¿En qué se parece Favio Pontevedra a Carlos Portaluppi ?

En sus firmes convicciones

¿ Creés que en la tele actual sa va a poder volver a ver algo a nivel de Vidas Robadas? con el elenco de primer nivel que esa ficción reunió

Con seguridad que si. Hay autores muy talentosos y gente dispuesta a hacerlo, ya lo demostraron con Montecristo y Television por la identidad, entre otros

¿ Te sorprendió la incorporación de Guillermo Francella para el papel de Claudio Kurtz ?

Creo que ese personaje debía sorprender y así lo hizo .

Por último. El final fue espectacular y también tuvo sus escenas de total ficción como la resucitación de Nicolás y Bautista: ¿a vos que te pareció el último capítulo?


La realidad supera ampliamente a la ficción y en ese sentido fue para mi totalmente creíble. Si no volvamos a ver los tapes de la caída de las Torres Gemelas, parecia filmada por Spilberg.

A mi me gustó mucho el final y creo que denota claramente que todavía los personajes están entre nosotros.

sábado, 9 de agosto de 2008

REPO A CARLOS PORTALUPPI Y A MABEL MANZOTTI.





De tal madre tal hijo

Carlos Portaluppi y Mabel Manzotti, gracias a la indiscutible química que los une y a la potencia de su rendimiento actoral, están robando cámara y también el corazón del público que mira la tira Vidas robadas (Telefé, martes a viernes 22.30), cuyo eje temático remite con rigor conceptual y alta calidad formal a la urgente y dramática problemática de la trata de personas.


Un gran acierto de casting, una actriz y un actor que combinan y se potencian en alto grado, dos personajes que han conquistado en buena ley las simpatías del público que sigue la telenovela Vidas robadas, probablemente la producción de mejor nivel en todos sus rubros que ofrece hoy la televisión abierta. La novela va por Telefé, martes a viernes a las 22.30. La protagoniza una pareja madre-hijo, que por momentos tiene más encanto y gravitación dentro de la tira que las parejas románticas que se van formando en el transcurso de relato (incluso la que está en vías de concretar el hijo con la inestable Alejandra). Cuando mamá Amanda y su hijo Fabio, ex fiscal, no tienen escenas conjuntas en algún capítulo –como sucedió el martes pasado, aunque el miércoles hubo resarcimiento– se los extraña de verdad.


Carlos Portaluppi y Mabel Manzotti, dos figuras muy estimadas del teatro, el cine y la TV, tomando un café con cardamomo y conversando animadamente con Las/12, demuestran que lo que se percibe en pantalla no tiene que ver solamente con sus notables recursos interpretativos. El aprecio mutuo se trasluce, lo mismo que la buena sintonía humorística. Pero en verdad el momento más divertido de la entrevista es impublicable: ocurre cuando Portaluppi, para demostrar que no es el único puteador de la novela, extrae su celular y hacer oír un mix de los insultos más soeces, feroces, truculentos proferidos con saña por Astor Monserrat. Es decir, el gran Jorge Marrale, un villano realmente temible que por suerte ha regresado de su presunto suicidio.


Además de tratar con impecable seriedad y evidente documentación el problema de la trata de personas –eje y motor de la trama– y de los refinamientos de realización, Vidas robadas propone un elenco numeroso y, en líneas generales, muy rendidor, en el que supo brillar Patricio Contreras (su Juan, ya muerto y enterrado).


Entre otros/as, destacan Virginia Innocenti, Marita Ballesteros, Romina Ricci, Adrián Navarro, Juan Gil Navarro, Silvia Kutika, Sofía Elliot, se notan los esfuerzos de Facundo Arana, Soledad Silveyra dejó de lado el glamour y dos excelentes actrices jóvenes que han brindado actuaciones recordables en teatro, Magela Zanotta y Julieta Vallina aportan una naturalidad directa, sin tic alguno, a sus roles de mejores amigas (respectivamente, de la protagonista, una Mónica Antonópulos que progresa día a día, y de Rosario, la madre de Julieta, la chica secuestrada por la siniestra organización, actualmente en las garras de un pollo de Astor).


Pareja ideal

Mabel Manzotti se define sonriente como “de la vieja guardia” de la TV (Gorosito y señora, El Botón, Operación Jajá, El Chupete y una perla dramática como La mujer del Cholo, en los tempranos ‘80). También reivindica orgullosamente su paso como vedette –junto a Norma Pons, Pochi Grey y Amparito Castro– por la revista Es la frescura haciendo un cuadro musical con Pedro Sombra y un sketch con Fidel Pintos y el Gordo Porcel. Pionera de los musicales, hizo en 1961 El Novio, luego Los fantásticos, Paren el mundo, me quiero bajar, Hello Dolly. Debutó en la TV con Norman Brisky, en Los fanáticos. En el teatro alternó piezas dramáticas y comedias, hasta que se instaló con mucha repercusión en unipersonales, el último de los cuales, Más vale tarde que nunca, la llevó a dos giras por España (la última en marzo pasado).

Carlos Portaluppi pisó el escenario por primera vez en Mercedes, Corrientes, sin haber ido nunca al teatro. Fue en 1986, en quinto año: una profesora de francés muy intuitiva le propuso hacer Nuestros hijos, de Florencio Sánchez. Tan bien le fue en un festival de teatro de su ciudad que alguien le habló de una beca para venir a estudiar a Buenos Aires. Pero el joven Portaluppi tenía decidido que lo suyo iba a ser la arquitectura, aunque le había encontrado un buen gustito a eso de actuar. Estaba cursando la carrera elegida en La Plata cuando en una clase de Estructuras escuchó la palabra teatro dicha por dos chicas que estaban delante: “Me sumé a la charla, me invitaron a ir los lunes al centro de estudiantes, adonde venía un docente. Después estuve en la Escuela de Teatro de la Provincia, pero no me enganché mucho, hasta que me vine directamente acá a estudiar con Lito Cruz.


Me formé fundamentalmente con él, Martín Adjemian y David Di Napoli. Después hice un seminario con Augusto Fernandes. Intenté terminar Arquitectura, pero el teatro me ganó de lleno”. Después llegaron los tiempos heroicos del Galpón del Sur, “ese sótano donde el agua te podía llegar a los tobillos y la rata más chica te cebaba mate, pero lo acondicionamos y me conecté con el espíritu más creativo del teatro. Después fue la experiencia avasallante de Ubú Rey: éramos un grupo de 26 chicos dirigidos por Pablo Ponce. Ahí conocí a mi mujer, Florencia Bendersky. Un trabajo de dos años para construir ese espacio, La Buhardilla, y preparar esa versión, uno de los trabajos más ricos que hice en el teatro, después pasamos al Teatro de la Campana.


Luego del entrenamiento con Fernandes, conocí a mi actual maestro, Guillermo Ghío, con quien trabajo desde hace más de diez años en el grupo Humoris Dramatis, con el que hice El homosexual o la dificultad para expresarse, de Copi. Ahora estoy ensayando para el año que viene Casa de muñecas, versión y dirección de Daniel Veronese”.


“Este hijo mío trabaja mañana, tarde y noche”, bromea Mabel Manzotti en un diálogo donde alterna a la actriz y a su personaje de Vidas robadas. “Igual estoy reclamando que en la tira tenga más protagonismo, que se lo reconozca, que salga en los diarios, que bien se lo merece, pobre.”

¿Cómo llega el proyecto a vos, Mabel, luego de tantos años sin TV?

M. M.: Es la primera vez que hago una tira. El proyecto me lo trae Norma Darienzo, pero yo no estaba nada segura. La primera vez que me junté con Carlos le dije que pensaba hacer cinco programas por mes y que prefería ensayar. “Sí –me dijo él–, a mí también me gusta pasar letra antes.” Grabé dos programas, me fui a España por el Mes de la Mujer a actuar, volví y me reincorporé. A mí me interesó mucho el tema y la forma en que iba a ser enfocado. Conocía trabajos de Marcelo Caamaño, le di mi voto de confianza. Mi hijo tardó en aparecer, como tres capítulos, pero ahora no me puedo quejar: tiene choclos así de largos de letra, y los dice muy bien. Con su modito, como compañero, Carlos no deja pasar una, y yo me siento totalmente amparada por él: por ejemplo, el coche me lo dejan meter dentro del canal porque él intercedió. Antes lo tenía que estacionar a cuatro cuadras, terminaba de grabar a las 8 de la noche, bien oscuro y me daba un poco de miedo. Pero Carlos me acompañaba hasta que hizo esa gestión: es un buen fiscal.

¿Alguna vez, Carlos, te habías puesto a pensar sobre la trata de personas?

C.P.:Salvo como titular, era un tema que desconocía. Es decir, sabía que existía pero no era tratado a fondo por los medios, salvo vinculándolo a alguna noticia de actualidad. A medida que fui metiéndome en el problema, comprendí el enorme peso, la gravedad de la temática que estamos tocando: la trata de personas está entre los tres negocios más rentables del crimen organizado: tráfico de drogas, de armas y de personas... Redes nacionales e internacionales que están operando hace mucho tiempo, enquistadas, en un punto inaccesibles: lo demuestra la lucha que está llevando Susana Trimarco, hace varios años buscando empeñosamente a su hija Marita Verón. Me parece que en Vidas robadas, esta problemática esta tomada con mucho respeto, con rigor. Nosotros somos actores, no somos justicieros: la que realmente está peleando es Susana Trimarco; otras personas que buscan a familiares desaparecidos.

¿Desde un lugar de creación artística se puede tomar posición, comprometerse con ciertas causas?

C. P.: Sí, claro, uno toma partido desde el momento en que elige estar en tal o cual proyecto. Por supuesto que era consciente de dónde me metía, y mi interés aumentó a medida que investigaba. También los autores nos alcanzaron mucho material informativo, lo que nos ayudó a entrar más profundamente en materia.

Me pone muy contento la confianza que depositaron en mí al darme ese personaje, fiscal al comienzo, ahora ex fiscal. Porque a medida que va avanzando la trama, Fabio se da cuenta de que no puede resolver las cosas con la rapidez y eficacia que desearía, se encuentra con mil trabas.

El se preparó, estudió junto con su madre: aunque el que se recibió fue Fabio, ella es tan abogado como él. Fabio se concientizó para estar del lado de la gente que más sufría en su necesidad de justicia. Y se fue dando cuenta de que para actuar efectivamente, tenía que ir por fuera de la institución, transgredir la ley.

Ese es el conflicto más grande para él que, a su manera, es una persona moral. Tuve que trasmitir mucho en unos capítulos muy intensos para mí, con una contención muy grande por parte de Mabel. Fue una suerte haberla tenido a ella enfrente para hacer esas escenas, tan jugosas para mí. Entonces Bautista decide, desde otro lugar, encarar esa investigación con todo, jugarse la vida si hace falta para descubrir y denunciar a los culpables, para liberar a las esclavas sexuales. La madre, aunque lo sigue en sus ideas justicieras, se lamenta cuando él rechaza el puesto que le ofrece Astor, cuando aún no se sabe con exactitud la clase de delincuente que es.

M. M.:¡Cien mil pesos por mes le ofrece! ¡Un auto cero kilómetro que le hablaba y obedecía! Todo eso en el momento en que renunció a la fiscalía y estamos viviendo de mi pensión. Claro, fuera de escena, en nuestras charlas de actriz a actor, yo tenía cierto resquemor, le decía: “Che, Carlitos, ¿vos estás hablando con el autor? ¿No vas a agarrar, no?”. “Veremos –me decía él–, todos mis compañeros de la tira me dicen que no agarre, pero habrá que ver qué decide el autor.” Yo me puse firme: “No podés aceptar, ¿para qué hicimos todos los capítulos anteriores?”. La novela propone este tipo de situaciones que le dan hondura. Y a la vez trata temas muy ligados con la realidad o que han quedado en el imaginario colectivo, como el episodio Yabrán, su suicidio nunca totalmente aclarado, las versiones de que está vivo en algún lugar.


¿Cómo surge esta complicidad entrañable que tanto ha pegado en la calle? Mucha gente espera que aparezca este rinconcito tierno, reconocible, gracioso, tan humano.

C. P.:Todo ese logro tiene que ver con ella, con el despelote de actriz que es Mabel, con su calidez, con sus reflejos, la contención que me da desde su profesionalismo. Gracias a esas cualidades suyas se consiguen esos climas cuando actuamos juntos. Para mí es un honor trabajar con ella, un orgullo muy grande. Por otra parte, pienso que esas escenas llevan a un lugar de cierta descompresión en medio del drama tremendo. A mí, sobre todo, me tocan asuntos de mucha densidad y con Mabel aflora este humor entre líneas, ella le pone un subtexto que arranca sonrisas y alivia tensiones.


M. M.: ¿A vos te parece, como pasó esta semana, que yo llegue a mi casa después de una excursión frustrada a Luján, de jubilados, y me encuentre con semejante espectáculo? Se rompió el micro y nos hicieron seguir a pie, yo con mis juanetes. Hacemos una vaquita y logro volver para toparme con mi hijo encamado en mi casa, con su supuesto romance. ¿Cómo puede reaccionar una madre responsable? Sin embargo me contengo: “Sigan nomás con lo que empezaron”. Y mi hijo se pone mal... Ay, mi tesoro, mi bebé... Hablando en serio, quiero decir que le he tomado un gran cariño a Carlos como persona, que admiro su enorme talento. Aunque tenía muy ganado su prestigio antes de Vidas robadas, siempre pensé que con este papel tenía que pasar realmente a primera fila.


C. P.: –Por mi parte, me gustaría señalar que a mí me sorprende de continuo el nivel de los libros: tienen el cuidado y la calidad de los unitarios. Hay que tener en encuentra que se trata de una trama muy compleja, pasan muchas cosas por capítulo, hay distintas historias paralelas que se conjugan muy bien. Una demostración de que se pueden hacer cosas interesantes en TV si hay compromiso, exigencias, coherencia. En este, como decíamos, hay que sumar el hecho de que se ha instalado un problema tan grave, de suma actualidad, que a hecho tomar conciencia a mucha gente.

Pagina 12

martes, 8 de julio de 2008

REPO A PORTALUPPI...




Curandero de día, fiscal de noche

Acompaña a Facundo Arana en "Vidas robadas" y es un padre capaz de sacrificar a su hija en "Extranjera".

MULTIFACETICO INTERPRETA DOS PERSONAJES QUE ESTAN EN LAS ANTIPODAS. Y TIENE MUCHOS MAS PROYECTOS PARA ESTE AÑO.


De perverso a tímido y bonachón. De fiscal justiciero a padre déspota. Para Carlos Portaluppi no hay límites en cuanto a qué tipo de personajes interpretar. Para suerte de él -y de los espectadores, cualquiera sea el género- es uno de los actores argentinos que menos encasillado está en sus roles. Ahora personifica una suerte de curandero o chamán que tiene gran influencia entre la gente del pueblo donde vive en la película Extranjera, filme recién estrenado de Inés de Oliveira Cézar. Mientras, continúa en la piel del ex fiscal Fabio Pontevedra, incansable luchador por la justicia e inseparable de Bautista, el personaje de Facundo Arana en Vidas robadas, por Telefé.

Sobre su trabajo cinematográfico -que recrea de manera libre la tragedia de Eurípides Ifigenia en Aulide- comenta que fue una tarea ardua, por la hondura del personaje y también por la aridez del paisaje donde filmaron, en las sierras de Córdoba. "Trabajamos unos ocho meses con Inés, en la búsqueda de imágenes y en la relación estrecha entre mi personaje, que vendría a ser el Agamenón del texto clásico, y el de mi hija. La idea era salir de la tragedia griega tal cual: en la obra original el conflicto pasa por la falta de vientos que impiden a la flota griega ir en busca de Helena de Troya. Acá, es la falta de agua, la sequía. Pero a pesar de esa traslación, el sacrificio de la hija que debe hacer su padre, mi personaje, se mantiene. Y creo que Inés logró una verdadera obra de arte".



Estás haciendo personajes muy distintos entre sí. ¿Estás cómodo?

Sí, me gusta ese camino que estoy tomando en cuanto a la elección de los personajes. De esta película me interesó especialmente la manera de trabajar de Inés y el desafío de meterme en un texto como éste, pero no de la manera tradicional. El rodaje fue maravilloso, estuvimos mucho en contacto con la naturaleza en un lugar donde las piedras son protagonistas.

En esa naturaleza casi feroz, Portaluppi tuvo, además, el desafío de montar a caballo sobre las piedras en una zona donde andan las mulas. "Fue difícil, pero me encantó hacerlo".

En las antípodas de este hombre poderoso y temible, capaz de sacrificar a su propia hija, Portaluppi también da vida, cada noche, al fiscal que debe enfrentar a una red siniestra de tráfico de personas en la ficción de Vidas robadas.

"Fabio es un hombre que se preparó toda su vida para hacer cumplir la ley y de pronto se da cuenta de que algunas cosas las tiene que hacer al filo de la justicia. Ese es su gran dilema". Pero así como en su ámbito laboral se mueve como pez en el agua, en el aspecto sentimental se autodefine como un lisiado emocional. En su vida hay dos mujeres muy importantes: Alejandra (Silvia Kutica), de quien está enamorado y sabe cómo concretar esa relación, y Amanda, su madre (Mabel Manzotti), con quien mantiene una relación que va de la ternura a lo desopilante.

A pesar de su intensa actividad , Portaluppi se siente, sobre todo, agradecido. "Estoy disfrutando de todo. Creo que siempre hay tiempo para hacer las cosas que uno quiere".

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